Casos

Caso Conzi

por Dr. Mariano N. Castex

Tablado

por Dr. Mariano N. Castex

Karina Herrero Climacó

por Dr. Mariano N. Castex

Caso Conzi

A propósito de un Homicidio: el caso Conzi I
La locura o Paranoia

En las últimas semanas el público argentino ha sido tanto informado por algunos medios, como desinformado por otros, acerca del ahora llamado caso CONZI.

Es indudable que el homicidio del joven Schenone, se encuentra acreditado, pese a irregularidades que se hubieren producido en las etapas de instrucción. Con frecuencia, lo que es lamentable, pudiéndose procesar y condenar a alguien bien, se añaden hechos irregulares cuando no francamente ilícitos que estropean la imagen del justo juicio.

Estas no son novedosas en el historial de nuestra tierra. Tampoco lo son los floreos y escarceos entre letrados, fiscales y peritos. El conjunto forma parte del juego procesal. Para cualquier persona sensata, desde hace meses es lógico y cantado que el proceso concluirá en una pena gravísima, interesando bien poco al tribunal que el acusado sea o no psicótico.

Convergen en tal sentido concausas alguna bien justas, otras indecorosas (ajenas por cierto al Tribunal) para un pueblo que se cree democrático y que se exhiben a diario en algunos programas televisivos (los menos por suerte), deseducadores y desinformadores por excelencia, como ha señalado quien esto escribe en un meduloso artículo publicado hace escasos meses, titulado "A propósito de la coerción y otras formas de violencia sobre el quehacer penal.

La responsabilidad de los medios y la culpabilidad ciudadana". Ya se han visto hasta el hartazgo en la historia penal, los medulosos análisis y las complejísimas peleas con que los peritos de una y otra parte se lanzan al combate sosteniendo teorías e interpretaciones. Los casos Monzón, Barreda, Tablado, Prada Errecart, Bonino, entre una infinidad ventilados en la última década.

En la calle, se cree erróneamente que el hecho de que un victimario sea psicótico (loco en el decir del vulgo) implica salvarlo de la prisión. Nada más alejado de la verdad. En nuestra provincia existe un centro psiquiátrico de alta seguridad dependiente del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires y al mismo son enviados no pocos detenidos enfermos mentales, cuya internación equivale en la práctica a una condena a perpetuidad, ya que es absolutamente falso que el encierro cura , como afirmara en forma desaprensiva un experto que fue médico oficial durante largos años, hace escasas horas en el juicio de San Isidro.

Para quien estas líneas escribe, el acusado es un paranoico . Esto es, es portador de una locura que ha sido estudiada por figuras del calibre de Freud, Lacan y los componentes de las escuelas francesa y alemana de la psiquiatría de los siglos XIX y XX. En el caso de Freud, este describió a un magistrado que administraba justicia con sabiduría a lo largo de más de cinco años, y por las noches creía convertirse en mujer sosteniendo relaciones sexuales con Dios a través de rayos.

Otros matan llevados por voces y otros sencillamente porque creyéndose un Julio César por ejemplo, liquidan a quienes le señalan que no son ese personaje. El diagnóstico de paranoia, del tipo interpretativo - reinvindicativo que padecería Conzi para sus peritos es de muy difícil diagnóstico y requiere horas y más horas de estudio y sobre todo de escucha.

En este acusado, el delirio se aprecia en las palabras que vierte ante el juzgador en ocasión de ser interrogado. Cualquiera que lea tal declaración queda por cierto bien perplejo. Podría tratarse de una simulación bien armada por un sujeto extremadamente inteligente. Pero es aquí en donde el perito de Conzi construye su diagnóstico. Algunos años antes, cuando Conzi ni pensaba matar al joven Schenone, publica su mensaje en una página del web La verdad de Jesús , en donde aparecen -para cualquier médico avezado en psiquiatría- idénticos elementos delirantes a los que surgen en su indagatoria, luego de haber matado.

Nadie puede mantener tal paralelismo a lo largo del tiempo, de ideas absolutamente paranoicas, de no ser un delirante. Esta fue la esencia de la prueba de que Conzi estaba, está y será por siempre loco, salvo un milagro psicoterapéutico que no se vislumbra. En el juicio nadie se animó a discutir la trama del delirio.

Los demás peritos se limitaron a señalar que ellos no lo veían. Por ello será de alto interés conocer la indagatoria y conocer además la página del web y cotejar los contenidos, no por parte de quienes nada saben de psiquiatría, si no entre expertos.

Pero hete aquí que la trama no concluye en el tema de la locura de Conzi. Para declararlo inimputable o imputable (que esto lo hace el tribunal únicamente y no los peritos -de ahí la desinformación que brindan algunos medios-) debe el tribunal decidir si existe una relación entre el psiquismo del acusado en el momento de cometer el hecho y su locura.

El perito de la defensa señaló con meridiana claridad que no había elementos para establecer con certeza el estado mental de Conzi en este instante, ya que no habiendo admitido la conducta homicida y existiendo al momento de estudiarlo, escasos elementos para interpretar su estado psíquico en el preciso momento en que ponía la conducta homicida, únicamente podían aventurarse hipótesis para ilustrar al tribunal, que -reiteraba el perito de Conzi- es quien valora la prueba y no los expertos. Esta postura estrictamente ajustada a la doctrina penal sostenida por los mejores tratadistas del país, causó indignación nutrida únicamente en el desconocimiento, la desinformación y una buena dosis de pasión.

En artículos sucesivos se podrá ir viendo de que manera el psiquismo complejo del acusado es merecedor de investigación, pues es únicamente a través de investigaciones prudentes y objetivas como se podrá mejor conocer las conductas homicidas a fin de prevenirlas. No es posible devolver la vida a un joven, pero ciertamente se pueden evitar otros hechos similares, si la sociedad en vez de actuar sacudido por las pasiones, a través del quehacer de la Justicia , procura explicarse seriamente la realidad de lo acaecido.

Quien esto escribe no siempre actúa como perito de parte por la defensa de alguien. En los últimos treinta años, defendió con ardor ante el Gobierno Nacional que el periodista Bonino había sido asesinado; actuó desenmascarando a los autores de la muerte del soldado Carrasco; fue el único perito médico que puso la cara en la investigación de las ejecuciones realizadas durante el régimen militar; ha intervenido hace escasas semanas, junto a la fiscalía que obtuvo la condena a perpetuidad de la Dra. Prada en los tribunales de Lomas de Zamora; actuó también obteniendo la condena del joven que hace una década ejecutó con trece puñaladas a su novia, en Núñez, Capital; aconsejó a la querella en el sonado juicio de un arquitecto asesinado por un joven adulto y hoy, guste o no guste, es el único perito que trabaja hasta el momento en forma gratuita, para defender los intereses de más de cien víctimas de Cromagnon. Y la lista sigue. Ello conduce a invitar a quienes escuchan algunos noticiarios que piensen por sí solos y no se dejen vender buzones o lavar las mentes por apasionados cuando no algo peor.

Mariano N. Castex

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