por Dr. Mariano N. Castex
Para aquellos que lejos de la tilinguería veraniega, en plena pampa argentina -que es a la postre la única que sigue nutriendo, aún cuando agónica y denostada- las arcas del fisco, observan nuestra realidad, aquello que vivencian ya no es sorpresa o pena, sino engendrador de una creciente indignación. Parafraseando al gran senador romano, bien podemos clamar con él: -¿Hasta cuándo Catilina abusará de nuestra paciencia? Enero y sus turbulencias pasan ya y dejan a una ciudadanía humillada, abusada y violada en sus derechos más esenciales. Ciudadanía que teme o gime -convulsionada en sus penas por la Patria- mientras su Parlamento -elegido con libertad en su momento- yace inerte, paralizado, desunido por completo, sometido a la inmadurez cuasi psicótica de conductores que como en el Calígula ante el espejo, a punto de morir, desafía por boca del poeta: -¡Aún vivo! El siglo XX abunda en tristes ejemplos similares. La Duma de 1917, el Reichstag alemán de 1937 hablan por sí solos. Los fanáticos en cambio manipulan con habilidad el arte de la intimidación, la corrupción, la falacia, desplegando histriónicamente el ejercicio del Poder -como lo entiende Foucault- en su triple faceta penal, retributiva y acondicionador. Lo que en palabras vulgares se reduce a crear violencia -bajo el discurso de cercenar a ésta-, corromper lo posible y embrutecer al máximo al sometido -que es el ciudadano-. Pero los dictadores europeos del siglo XX -con millones de muertos a sus espaldas, amén de un continente arrasado- eran asesinos sí pero austeros -fanatizados por ideologías de utopía-, si bien la mayoría de sus cortesanos, en cuanto jusmesos, no lo eran. Hoy en nuestra tierra, destruidos sus símbolos y valores, aventadas las arcas a favor de los privilegiados del Poder, se está ofreciendo al mundo el lamentable espectáculo de una Nación en donde un puñado de habitantes caprichosos, imponen sus criterios -como el caso del puente fronterizo- al resto de la Nación o el abierto desafío del Ejecutivo Nacional a las resoluciones judiciales que le resultan desfavorables -ejemplos sobreabundan-. Acaso en el entorno gobernante alguien tiene noción de lo que implica para una democracia auténtica, la independencia y libre juego de los Poderes entre sí y de cual es la importancia del Poder Legislativo -piedra angular de toda nación que se cree al menos democrática- o del Poder Judicial (contralor de la legalidad). ¿Sabrán acaso que el Ejecutivo es un mero administrador en donde sus integrantes al asumir juran solemnemente respetar la Constitución Nacional con el añadido: -Si no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden? Si la comunidad clama contra la violencia en las calles acaso no se da cuenta que su grito debe ir dirigido hacia toda la VIOLENCIA, incluso la que se imparte como modelo de acción contra la propia ciudadanía. Después de todo qué es robar un auto, o una play station, o una billetera, cuando se saquea con desparpajo a todos los ciudadanos en forma cotidiana en nombre de la legalidad o se utiliza a fuerzas de seguridad para impedir a un funcionario ingresar a cumplir una función, ratificada -aún cuando provisoriamente- por una orden judicial. Personalmente ese peculiar ciudadano puede no caerle bien a muchos, pero mientras patrulleros y agentes cumplían caprichos histriónicos de superiores, se incrementaba en las calle de la república, otro nivel de inseguridad. Esos caprichos histriónicos son precisamente la forma de violencia que más debe temer la ciudadanía, agredida a diario por la histeria, la agresividad, el despilfarro, la mordaz ironía y la descarada ironía, amén de insólitos desplantes y una constante mendacidad. Basta por favor de hablar del “modelo”, del “yuyito” y del “viagra” -entre otros dislates-. Sacúdase de encima de una buena vez a los rasputines y sea el Ejecutivo aquello que el prócer calificó como “el deber ser”. Renuncie al “no ser nada”. Por qué la “nada” implica la ruina de la Nación como institución. Cumpla además el Poder Legislativo libremente con sus funciones, no sea que de un día para otro, un nuevo Cromwell, abra sus puertas y pronuncie su histórica frase: “Buenas noches caballeros. Salgan. Han estado demasiado tiempo sentados considerando lo muy poco que han hecho”. Levántese todos los jueces y hagan Justicia de una buena vez como la están haciendo algunos de sus colegas. Libres de temores y sesgos. La tarea no es vengar, es preservar la piedra angular de la Nación. De no ser así, teman al menos el “Dios y lo Patria me lo demanden” que pronunciaron al asumir el servicio de la “res pública”. Acaso estamos ya tan desintegrados como conjunto social que ni eso ocurrir y sea el “demasiado tarde” de B. Brecht. Dígalo el pueblo germano sepultado por la dictadura Nazi o las víctimas del genocidio bolvechique y sus hermanas totalitarias. “Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir”. Como en el aria del Barbero de Rossini cantemos a coro: -¡Qué invenzione, qué invenzione…! O mejor aún croemos con las ranas que Aristófanes pone en la laguna Estigia: -Be ke ke kéx coax, coax…, desafiando a Dionisio.
Septiembre de 2008
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